jueves, 22 de junio de 2017

COPIADO DE LA OPINIÓN, para corregir algún error en los nombres del texto original.


120 años de LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA: Villalpando y Carmen Polo
EL CORREO relató la conmemoración del V Centenario del Voto Concepcionista de la villa y su tierra, presidida por Carmen Polo, esposa de Franco, el 18 de junio de 1967
Alejandro Bermúdez 17.06.2017 | 04:22
La capital de Tierra de Campos, Villalpando, protagonizó uno de los acontecimientos religiosos más importantes de todos los sucedidos en la provincia de Zamora a lo largo de los últimos 120 años, la conmemoración del V Centenario del Voto Concepcionista, celebrado el domingo 18 de junio de 1967 con toda la fastuosidad propia del régimen nacional-católico de Franco, y del que EL CORREO DE ZAMORA dio buena cuenta en sus páginas a lo largo de varios días, como se podía esperar de un diario nacido con vocación católica y tradicionalista.
No era para menos, la efeméride atrajo hasta la villa terracampina al nuncio del papa Pablo VI, monseñor Antonio Riberi, y a la esposa del jefe del Estado, Carmen Polo «de Franco», cuya fotografía acompañada del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Tomás Pelayo Ros, abría la portada de EL CORREO del martes 20 de junio de 1967. Esos días sucedían otras cosas en el mundo, como las conversaciones entre el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson y el primer ministro soviético Kosygin sobre la crisis en Oriente Medio —acababa de terminar la «Guerra de los Seis Días»—, pero el diario provincial dedicaba casi la mitad de sus páginas a la ceremonia celebrada en Villalpando, que contó con la presencia también del ministro de Justicia, Antonio María de Oriol, y del fiscal del Tribunal Supremo, Fernando Herrero Tejedor, el encargado de hacer el ofrecimiento de los actos.
Todos los terracampinos, de los 13 pueblos inmaculistas, que se acerquen o pasen de los 60 años de edad recuerdan con menor o mayor nitidez el acontecimiento que supuso la llegada de tanto ilustre, pregonado a los cuatro vientos durante semanas, y que obligó a engalanar las principales calles de Villalpando además de la Plaza Mayor, el espacio donde se celebraría una ceremonia deslucida por un cielo nublado que a lo largo de la mañana descargó varios chubascos sobre las cabezas de los cientos de devotos y curiosos allí congregados. Pero la lluvia no era suficiente motivo para suspender una fiesta que los próceres de la provincia llevaban meses preparando, de hecho el centenario se había cumplido en noviembre de 1966, y al año siguiente se organizaba este acto expresamente para conseguir la visita de los miembros del Gobierno y de la «primera dama española», como calificaba el periódico a la mujer de Franco. Una fusión entre fervor religioso y patriótico, propaganda política y exaltación de las tradiciones locales muy habitual en aquellos años.
En el ágora villalpandina se levantó un enorme altar para la Inmaculada, «tapizado de terciopelo granate y remates y adornos de oro» según describía el diario, y provisto de dosel, sitial con reclinatorio donde se situaría la esposa del jefe del Estado, y arengario. Frente al altar se dispusieron dos tribunas, igualmente tapizadas, para que las personalidades políticas y militares pudieran seguir los actos religiosos cómodamente, mientras cientos de fieles llenaban el piso de la Plaza, los soportales e incluso las ventanas, como se puede apreciar en varias de las fotografías que ilustran la crónica de EL CORREO DE ZAMORA.
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Pero el corresponsal se recrea principalmente en pormenorizar la entrada de Carmen Polo, que apareció en coche por la calle Liceo a ritmo de la Marcha Granadera una hora después de que la Purísima llegara en procesión desde la iglesia de San Nicolás: «El clamor de los vítores y el estruendo de los aplausos, mezclados con las notas del himno nacional, anunciaron, sobre las doce de la mañana, la llegada al final de la calle Liceo, que da entrada a la Plaza Mayor, y donde se levantaba un arco de bienvenida, del automóvil en que viajaba la esposa del jefe del Estado, doña Carmen Polo de Franco y que iba escoltado por cuatro motoristas». En la misma esquina de la Plaza le recibieron el alcalde de Villalpando, Emiliano Suena Allende y su mujer, Amparo Anta, que «obsequió a la esposa del generalísimo con un bello ramo de claveles rojos». Según se desprende de la crónica, todas las mujeres de los mandatarios locales vestían de negro con peineta, sin embargo la «primera dama española» sorprendió con un «sencillo, pero elegantísimo, modelo estampado con flores rosas y ramos verdes sobre fondo azul marino», no detalla si también lucía alguno de sus famosos collares u otra joya. Después del primer edil, besaron la mano de Carmen Polo el resto de miembros de la Corporación Municipal —y todas sus respectivas—, que en ese momento estaba compuesta por los tenientes de alcalde Marino Cepeda Lucas y Modesto Sánchez Castresoy, y los concejales Julián García Alonso, Ciriaco Boyano Chimeno, Alfredo Fernández San Pedro, Nazario San Pedro Prieto, Aniano Gil Suena, Ángel Fernández Núñez y Rafael Alejo de Prada. El siguiente en saludar a la «primera dama» fue el párroco, don Modesto Rodríguez. A continuación llegaban a Villalpando el nuncio y el obispo de Zamora, Eduardo Martínez González.
La presencia de la mujer del jefe del Estado despertaba la curiosidad de la multitud que «pugnaba por ver de cerca» a la ilustre invitada. La esposa del dictador atravesó la Plaza a pie hasta el altar, unos instantes que el periodista describe como «Un júbilo, un delirio. Durante el corto recorrido, el clamor fue incesante. Las mujeres agitaban sus mantones. Fue una apoteosis inenarrable, y la esposa del caudillo iba en su paso a pie, sonriente, mirando a todas partes, correspondiendo gentilmente a todos».
Los actos religiosos comenzaron con un discurso de ofrecimiento del fiscal del Tribunal Supremo y continuaron con la misa concelebrada por el nuncio monseñor Riberi, el arzobispo de Valladolid, José García y Goldaraz, el prelado de Zamora y los párrocos de los 13 pueblos protagonistas, las primeras localidades del mundo que en el siglo XV juraron defender que la Virgen María había nacido sin ser alcanzada por el pecado original, cuatro siglos antes de que la Inmaculada Concepción se convirtiera en dogma para la Iglesia católica: Cañizo, Cerecinos, Cotanes del Monte, Prado, Quintanilla del Monte, Quintanilla del Olmo, San Martín de Valderaduey, Tapioles, Villamayor de Campos, Villanueva del Campo, Villar de Fallaves, Villárdiga y Villalpando. Terminada la misa, el alcalde de Villalpando refrendó el voto en nombre de todos los vecinos de las 13 localidades, y un notario dio fe levantando un acta que firmarían todos los munícipes de la comarca, dando por finalizada la ceremonia.
La visita del nuncio papal también supuso un acontecimiento de relevancia para toda la provincia. El italiano, que seis meses más tarde moriría en Roma y sería elevado a cardenal a título póstumo, era recibido por cientos de feligreses en el atrio de la catedral de Zamora, el sábado a las ocho de la tarde. Durante su estancia bendijo una casa sacerdotal en la calle Reina, el Seminario Menor de Toro y entregó al obispo una carta escrita por el papa Pablo VI con motivo de las bodas de plata episcopales del prelado zamorano.
Coronación canónica de 1954
13 años antes Villalpando recibía a otro nuncio, del papa Pío XII, monseñor Antoniutti, con motivo de la quinta refrendación del Voto, efectuada el domingo 13 de junio de 1954, el año en el que se cumplía un siglo la bula «Ineffabilis Deus» de Pío IX que convirtió la Inmaculada Concepción en dogma de fe para el resto del orbe católico, pues para los villalpandinos ya lo era desde 1466. En aquella ocasión no acudió la mujer de Franco ni ministro alguno, sino que el Gobierno envió al subsecretario de Justicia, Ricardo Oreja Elósegui. Sin embargo, la fecha entró en la historia de Villalpando porque el nuncio papal coronó canónicamente a la patrona, la Purísima.
Al igual que en 1967, la villa se engalanó, según recogía EL CORREO DE ZAMORA al día siguiente, con banderas nacionales y concepcionistas, arcos de flores y una alfombra desde la plaza de san Miguel hasta el Ayuntamiento, donde el alcalde Pablo Riaño iba recibiendo a las distintas autoridades militares y políticas que asistían a la ceremonia, encabezadas por el presidente de la Diputación Provincial, Prudencio Rodríguez Chamorro. En cuanto a las autoridades eclesiásticas, el nuncio llegó acompañado de dos arzobispos, los de Valladolid y Sión, y cinco obispos, de León, Palencia, Astorga, Zamora y Changteng (China). Los actos religiosos se celebraron en la Plaza Mayor, que se llenó de vecinos y de miembros de Acción Católica llegados de toda la provincia de Zamora, además de 400 seminaristas de León e incluso 80 villalpandinos residentes en Madrid que llegaron en un autobús fletado por la Casa de Zamora. Si en 1967 presidiría el ágora un altar de terciopelo granate y oro, el de 1954 fue más modesto, decorado con telas blancas y azules, los colores de la Inmaculada.
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EL CORREO dedicó al acontecimiento la totalidad de su portada y otra página en el interior de su edición del lunes. En ellas se detalla cómo el alcalde Riaño abrió los actos religiosos leyendo «con voz clara, firme y entusiasta la quinta refrendación del Voto», a continuación, Antoniutti bendijo «la riquísima corona de oro y pedrería, valorada en 100.000 pesetas, que le ha sido ofrecía a la patrona por suscripción popular por Villalpando y pueblos de la Tierra», encargada al orfebre Lázaro Gumiel, seguidamente subió al altar «y ciñó la corona sobre la cabeza de la venerada patrona de Villalpando, en medio de una delirante y respetuosa demostración de entusiasmo, con vítores al papa, al nuncio, aplausos y flamear de pañuelos», describe con la retórica propia de los textos periodísticos de mediados del siglo XX. Tras la misa, el nuncio y los prelados se dirigieron a la plaza de San Nicolás para descubrir una lápida en memoria del fallecido párroco Luis Calvo Lozano, a quien el alcalde dedicó un breve discurso que el diario recoge íntegramente. Este sacerdote fue también el estudioso que recogió y publicó la historia de Villalpando.
Durante el posterior almuerzo para autoridades organizado por el Ayuntamiento, el alcalde aprovechó la ocasión, según informaba EL CORREO, para pedir al nuncio y al representante del Gobierno la construcción de una basílica dedicada a la Inmaculada en Villalpando. Esa tarde la villa organizó una procesión mariana con la imagen de la Purísima, desde la Plaza Mayor hasta San Nicolás, durante la cual se rezó un Santo Rosario «que fue radiado a toda la villa a través de los altavoces instalados en distintas calles», para terminar con el canto de la Salve.
Tal importancia suponía para la villa la canonización de su patrona, que en la víspera EL CORREO DE ZAMORA dedicó todo un suplemento de 12 páginas a la Inmaculada, con disertaciones teológicas, poesías y oraciones, artículos de ilustres de la villa reivindicando la construcción de la basílica mariana y páginas promocionales de la Semana Santa de la villa, de sus iglesias y su murallas. El número extraordinario llegó a toda la provincia de Zamora gracias al patrocinio de 25 comerciantes, industriales de Villalpando que se publicitaron en esa fecha, entre los que se encontraban la tienda de ultramarinos José Román, el taller de carros de Francisco Gutiérrez, hijo de Baldomero y Lozano Tejidos y Ferretería (fundada en 1850), el Teatro Principal que se encontraba en la Plaza Mayor, el parador de la viuda de Peliblanco, la fábrica de ladrillos y tejas de Eustaquio García Fernández, el taller mecánico de Germán Carbajo, la autógena de Vicente Sánchez, la droguería de José Mazo, la frutería y pescadería Martín Álvarez, el café La Unión situado en la calle Real, la fábrica de hielo y gaseosas de Felícitas Martínez, la Pensión Bartolo, la Fonda Miluchi o la Casa Chabolo de Ángel Fernández, el negocio que pagó el anuncio más grande de todos, un comercio donde se vendían ultramarinos, alpargatas, levadura y hasta petróleo y aceites de engrases, ubicado en la calle Olivo. Anuncios que seis décadas después nos cuentan la intensa actividad profesional y económica que se cocía en una cabecera de comarca como Villalpando, que en aquellos tiempos surtía de todo tipo de bienes y servicios —todos los que podía haber en tiempos de posguerra— a una tierra llena de vida. Hoy esa tierra disfruta de mejores comunicaciones y comodidades, y sin embargo languidece perdiendo población a un ritmo cada vez más acelerado. Se pierden empresas, dinero y jóvenes, se pierde futuro, pero, para bien o para mal, no se pierde la fe en la Purísima.
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1 comentario:

ALFALFA CORTADA dijo...

Ud, siempre ha dicho, por este medio, que aquel acto de nuestros antepasados fue fruto de la situación de la época, llena de penurias. Ud, mas de una vez, nos ha intentado explicar, que poco o nada, nos podíamos haber aprovechado de ello. Como si hacen en Fatima, o Lourdes. Creo que si no se intentan, nunca se sabrán si hubiese sido posible. Después toda esa parafernalia, de la mujer de Franco, de los Nuncios del Papa, me extraña que algún comerciante villalpandino, no sacase provecho. Pero sabiendo que fueron muy vivos con los negocios, puede que Ud tenga razón, y lo del voto no sea tan importante como pensamos, para el resto del mundo, pero para un villalpandino, villalpandina, es lo mas grande que tenemos, y podemos decir. Que nuestro pueblo, con los pueblos hermanos, fueron los primeros del mundo en proclamar el dogma de la Inmaculada. Saludos.