martes, 5 de agosto de 2014

LA PEOR DE LAS CORRUPCIONES



                                                  LA MÁS GRAVE DE LAS CORRUPCIONES.

                En pleno franquismo, servidor, muchacho de dieciocho años, llevaba ya cinco trabajando de mecanógrafo, recadero y calefactor, con un Abogado del pueblo.

                En el Juzgado de Instrucción salió una vacante para nombrar a un juez interino. No se exigía titulación alguna. Únicamente probidad moral de la persona, acreditada por el certificado de buena conducta expedido por la Guardia Civil, y partida de nacimiento.

                Convencí a mi tío Antonio, padre de cuatro hijos, por entonces con ya muy precaria economía, para que solicitara la plaza, que le supondría un sueldito al mes muy necesario.

                Como había nacido en Argentina, en los años que duró la emigración de sus padres, me costó “Dios y ayuda” obtener esa partida de nacimiento, del año 1914, en los confines del interior en tierras de repoblación.
                ¡Pues bien!, ¡cómo no!: la plaza fue para un ocioso rico solterón, explotador, mujeriego y sinvergüenza. Me indigné, presenté un escrito de protesta que, si no lo para el Abogado (cosas de chicos le dijo al juez), le hubiera costado una multa a mi necesitada familia.

                Mi abuela, con la que vivía, no paraba de decirme. A ver si aprendes hijo, “Con la justicia y la inquisición, chitón”, que si no, según eres, muchos palos vas a recibir en la vida.

                No le hice mucho caso y en algún charco seguí metiéndome.

                Llegó la democracia. Me ofrecieron organizar la UCD en la comarca. El trabajo para sustentar a mí numerosa familia, y faltaba el quinto, absorbía mi tiempo. Ignoraba, después lo rechazaba, que un cargo público, la alcaldía de mi pueblo, por ej., pudiera ser un medio de vida. Después, cuando fui concejal, devolví el sueldo.

                Pasaron años, y esa corrupción que ahora se destapa, se extendía como mancha silenciosa, sin dejar casi nada sano, por todo el país. También llegó a esta provincia, a mi pueblo.

                Yo la conocía, tenía pruebas, por eso, personalmente, sin abogados en principio, recurrí a los tribunales, aunque con temor de lo advertido por Quevedo: “Cuando no hay justicia tener razón es peligroso”.

                Un juez honesto, en primera instancia, admitió nuestra denuncia. Ante pruebas tan evidentes, dictó auto de imputación y llamó a declarar a las personas denunciadas. Año 1999. Lo recurren. La misma Audiencia del “Caso Zamora” revoca la imputación y sobresee.

                Hay otra historia de evidente fraude electoral manejando el voto por correo de ancianos de una residencia, practica repetida en todas las elecciones, también tapada. Si bien el susto por la denuncia en 2003, consiguió evitar el fraude en el 2007, y hacer que al pueblo llegara la limpieza.

                Lo mío es un pequeño botón de muestra  de la interferencia del poder político en el judicial, de la politización de la justicia (C.G.P.J., Supremo, Constitucional, magistrados “progresistas”, “conservadores”, “nacionalistas”, que votan según su adscripción, según los intereses de quienes los han nombrado) desde los tiempos de F.G. (recordemos a García Pelayo, el Juez Marino Barbero…) hasta la actualidad.

                Ahora ya, ante el “Puyolazo”, se recuerda, destapa, evidencia cómo el origen de todo el sunami estuvo en el sobreseimiento del caso “Banca Catalana” (sí, esa fue la buena herencia que Jordi recibe de su padre Florenci), como la mayoría de los Magistrados, tanto en Barcelona como en Madrid, desoyendo toda la verdad que los fiscales Jiménez Villarejo y Mena defendían, obedecen al poder político (gobiernos de González, Aznar, Zapatero y ,¿ahora Rajoy?) para, por “razones de estado”, seguir consintiendo todas las tropelías.

                Y bien, por suerte no toda la justicia está corrompida. Ahí tenemos al juez Castro, la juez Alaya, Ruz, Grande Marlasca, Mena, nuestro compañero Jiménez Villarejo…

                Confiemos, luchemos para que los vientos nuevos, limpios de PODEMOS se lleven la peor de las corrupciones, la de un poderoso sector la justicia española.

                

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